miércoles, 11 de febrero de 2015

Prologo: El sueño con el muerto




Estaba nublado, y la calle mas próxima apenas lograba verse. El semáforo se había puesto en rojo. Mire el reloj, faltaban menos de cinco minutos para las doce. Media noche. Me estremecía un poco estar parado en la mitad de la carretera, donde el único conductor era yo. Me extraño y mas el echo de que yo no sabia manejar. Pero entonces ¿Que hacía yo allí? Volví a mirar al reloj. Las agujas se habían detenido. Maldije en voz baja y alce la mirada, añorando que de una vez por todas, la luz cambiara a verde. No sucedió. En vez de eso empezó a titilar. A apagarse y encenderse tenebrosamente. Tuve algo de miedo. Un escalofrió me recorrió la espalda y me hizo por unos minutos centrarme en la espeluznante figura de una persona vestida con ropa negra y la cabeza cubierta por una capucha, que se acercaba a paso rápido. Contuve el aliento, y trate de acelerar. No funciono. El coche no respondía. Las luces volvieron a parpadear al tiempo que un zumbido inundaba el aire. Por un momento creí que otro conductor había aparecido de la nada, y se me estaba adelantando, pero cuando mire para atrás. Constante que no había nadie. La figura que vi antes ya no estaba.
     Mis sentidos de vidente pasaron a un estado de máxima alerta. Algo andaba mal. Y tenia que bajarme del coche para averiguarlo. Ni muerto lo hago, me dije varias veces. Estaba solo. No era algo muy positivo. Intente otra vez acelerar. Nada.
     Las luces del semáforo cambiaron a verde. Hubo un rugido. Como el sonido de una pared romperse. Salte en mi asiento, y recorrí todos los puntos de donde podría provenir el sonido con mi mirada. Dos segundos después las luces de alumbrado se apagaron. Todo quedo a oscuras. Desesperado, conseguí que las luces del coche se prendieran. En medio del pánico me pareció ver un hombre cerca de la ventanilla. Encendí una linterna, gire la manija e hice descender el cristal. Era raro. Pero no avía nadie acepto yo.
     Yo y la luz verde del semáforo que misteriosamente se mantenía  encendida. Alguien    susurro. Con   el   corazón   latiéndome  a  más   de   cien,  

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mire a mi lado y no pude reprimir el grito.
      Había un hombre sentado en el asiento del copiloto. No me quedaría allí esperando a saber quien era. Con ambas manos, intente abrir la puerta. Pero el fue mas rápido. Me asió del abrigo, y me estrello contra el cristal. Varios pedazos rabotaron, y cayeron al pavimento. Sentí un dolor agudo en la frente. Mi cabeza asomaba en el borde del capo y varias gotas de sangre cayeron al tablero. Trate de deslizarme, llegar al pavimento y correr. Lo hice. Trastabille, en el momento en mis pies tocaron el suelo. Cuando parpadee, vi al hombre en frente de mí. Lo vi borroso. Su mano busco mi hombro, apretando el brazo con fuerza. Trate de patearlo, pero el fue mas rápido y solo pude ver su puño ir directo a mi cara. Mi cabeza dio contra el pavimento. No supe mas…quede inconsciente.
     Desperté en una sala suntuosa. Tenía una especie de decoración mortuoria, como de esa que se usan en los funerales. Me palpe la frente con la mano. No había heridas. Tampoco sangre. Ni dolor. Ni nada que pudiera evidenciar que un sujeto había intentado matarme. No savia que hacía allí. Ni tampoco podía ver la razón por la que ese hombre me había llevado a ese lugar. Desconcertado, mire un poco de lo que había alrededor.
     Varias filas de sillas blancas, estaba agrupadas junto a un féretro, completamente abierto, que destellaba en la cabecera de la sala. Nadie decía nada. Todos miraban una sola cosa.
     El cadáver del chico que había dentro. Mire en todas la direcciones. No encontré a nadie con la misma compleción de mi atacante. No se porque, pero intuí, que el también podría ser el responsable, de lo que allí pasaba. No pude esperar y me acerque.
     Sentí un frio siniestro cuando estuve a medio metro del ataúd. Contuve el aliento y mire el cadáver de un chico como de diecinueve años. Sus ojos estaban serrados. Tenía un traje negro y la  camiseta   era  blanca. Había  un  hombre  sentado  a  pocos metros que me miraba. Intente hablar. Ningún sonido salió de mi garganta. Era como si allí tuviera que reinar el silencio absoluto.
    Volví centrarme en el cadáver. Note algo en el, que no tenía el resto de los que estábamos allí. La belleza de aquel joven era sobre humana, probablemente no fuera humano, pensé. Sin embargo, poco después pensé en lo   contrario.   ¿Si   no   era   humano   que   otra   cosa   era?   Atemorizado,

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preguntándome una y mil veces que hacía yo allí, mire las manos del chico.
     Estaban unidas. Los dedos entrelazados. La piel del joven, si bien estaba amarfilada, no lucia en nada como debería lucir la piel de un cadáver. No uno normal.
     Note que había un anciano sentado en una esquina del ataúd, tenia la mirada perdida, y en sus ojos parecía asomar una sonrisa letal. Me le acerque con el propósito de que me diera una explicación. Un indicio de lo que hacía yo allí y porque es estaba pasando esto.
     __ ¿Esta muerto? __fue lo único que se me ocurrió preguntar.
     __ ¡Claro que esta muerto! __gruño el, lanzándome una mirada acecina__. Nadie esta en un ataúd por gusto.
     __Lo se. Lo que intento saber es ¿Cómo murió? __dije nervioso.
     __Usted debería saberlo __dijo el anciano frunciendo el entrecejo__. Usted estuvo allí.
     __Disculpe, pero debe estar confundido __dije desconcertado__. Yo no conozco a este chico. Es la primera vez que lo veo.
     __Yo también __sonrió el anciano__. Pero a usted si lo conozco.
     __ ¿A mí? ¿De donde? __pregunte más intrigado.
     __Del cementerio __dijo el anciano poniéndose de pie, se acerco y se quedo mirando al chico muerto__. Es bastante joven ¿no, cree? ¿Porque murió? Yo lo se, pero quiero escucharlo de su boca. ¡Usted estuvo allí! A mi no me mienta.
       __Ya le dije que no lo se __tener demasiado cerca a ese señor me producía escalofríos__. Y no lo recuerdo de ningún cementerio. ¿Qué le paso a este chico?
     __Lo mataron __respondió el anciano, arrugando la frente__. Lo dejaron en las costas de Escocia, cerca de un basurero.
     __Le juro que yo no estuve allí __dije después de la penetrante mirada que me lanzo ese señor__. ¿No creerá que yo lo hice, Verdad?
     __Perdone que le pregunte esto __dijo el anciano, mirándome a los ojos__. ¿Pero no le teme usted a los muertos?
     __Creo que no __dije casi seguro__. ¿Y usted?
     __Les temía cuando estaba vivo, pero ahora que estoy muerto, no lo creo __dijo. Me estremecí y mire al otro lado.    
     Sobresaltado, alce la mirada, y mire detrás de mí. De pronto se me helo la sangre. Estaba completamente solo. Cada una  de  las  sillas  vacías.  No pude

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evitar estremecerme. Volví la mirada al muerto. Seguía allí.
     Respire hondo. El anciano no estaba. No se si por el miedo, pero vi las puertas de la funeraria muy lejanas. Como si me fuera imposible llegar a  ellas y salir de allí. Gire. Lo vi fijamente por unos segundos, y entonces vi algo entre sus manos que no había visto antes. No deduje que era. Porque solo asomaba un borde negro entre sus dedos. Trate de adivinarlo. Nada. Mi mente se había serrado por completo. Las manos me temblaban y el frio que emanaba del joven, se calaba cada vez mas entre mis huesos. ¿No podía ser una cruz? ¿O algún símbolo que tuviera algún significado?
     Solo había una forma de averiguarlo. Tomarle ambas manos, separarlas, y quitarle la reliquia. Maldita sea. No podía hacer eso. ¿Donde demonios se había metido el anciano? No podía quitarle eso al muerto. O si. Respire hondo, y me acerque lentamente a el. No había  otro ruido que el de mi corazón saliéndose de mí pecho. Sacudí lo dedos, y los aferre entre los de el. Por un momento, sentí que no lo lograría. Enseguida mis dedos tibios, llegaron al medio de las gélidas manos del chico. Tan frías como un tempano de hielo. Al fin toque la reliquia. Intente asirla. Use la mano para intentar abrir esos congelados dedos. Mi incline un poco sobre el joven, mirando su cara.
     Temblando de pies a cabeza, logre zafarme la reliquia al chico de las manos. Solo que en el intento. Una parte ella se rompió y quedo incrustada en el dedo del joven. Varias gotas de sangre asomaron de la pálida piel de la mano.
     Me estremecí. No podía ser. A los muertos no les circula la sangre por el cuerpo. Di un brinco. Aterrorizado intente quitar mis manos de sobre el. Pero el chico abrió los ojos, tomo mi brazo, y murmuro algo que no pude entender. Intente echarme para atrás, pero su mano se aferro mas a mi brazo.   










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