El
vidente
Desperté
dando gritos. Mire para todos lados, y cerciore una y otra vez, que el chico no
agarraba mi brazo, comprobando que no estaba en ese lugar. Y así era. Estaba mi
habitación. En mi cama. Amanecía. Me limpie el sudor de la frente con la
sabana. Y volví a hundir la cabeza sobre la almudada. Mire el techo durante
algunos minutos, y me levante para comprobar que todo eso, solo había sido
parte de un mal sueño. Las piernas me dolían, por lo que me fue difícil llegar hasta
el baño.
Mi habitación era muy grande. Tarde varios
minutos mirándome en un espejo gótico, con ranuras, y figuras siniestras que le
daban un aire espeluznante. No tenía heridas. Ni cortaduras en los brazos, ni en
las manos. Y no obstante el dolor que sentía era muy contundente. Gire la llave
del lavamanos y deje que el agua saliera por un par de minutos. Me lave la cara
una y otra vez. No podía estar dormido. En realidad no quería volver a dormir.
Me agache para buscar una toalla, en una
gaveta al lado opuesto del lavamanos. Tantee por unos segundos, hasta que por
fin di con lo que buscaba. Me levante y volví a mirarme en el espejo.
Lance un grito. Tenía una raja en la
frente, y el brazo izquierdo sangrándome. Un hombre estaba detrás de mí. Gire
rápidamente, llevándome consigo la afectadora para al menos cortarle la cara.
El chico me sostuvo, y me arrojo al suelo. La luz del baño se apago y todo
quedo completamente a oscuras.
Tantee el suelo, y me apoye a la pared. Comencé
a caminar con claras intenciones de llegar a la puerta. Aterrorizado y con los
ojos llenos de lagrimas, logre atisbar una sombra, a un lado de la chimenea, en
cuya repisa, habían muchas fotos de mis padres. Al poco rato una a una fue cayendo
al suelo. Mi corazón retumbo, y mis piernas se doblaron cuando intente correr.
Los cristales de los portarretratos se rompían en mil pedazos, mientras una
riza siniestra inundaba el aire. En otras circunstancias abría gritado. Pero
esta vez era diferente. Nadie me oiría. Estaba en la mansión más grande
y
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antigua
de Europa. Aterrado intente arrástrame.
No veía más que el claro resplandor de la
luna entrando por la ventana. De pronto vi unos ojos negros frente a mí. Gemí y
gire a un lado. Ya no estaba allí. Estaba sentado encima de mi cama, de doseles
vino tinto. La sangre que me salía de la frente se mesclaba con la alfombra
negra que cubría gran parte de mi habitación. Tenia las manos amoratadas, y dos
de mis uñas habían sido arrancadas. Me levante con la espalda apoyada a la
pared, deslice mi mano por la superficie de concreto, hasta que por fin pude
encontrar el interruptor. Lo accione.
Nada. Las luces seguían apagadas. Oí la
riza del chico con más estridencia en mis oídos. No podía ser verdad. Y yo que
creía que todo era parte de un sueño.
Un trozo de vidrio se clavo en mi mano
derecha. Lance un alarido de dolor, mientras la persona que me lo había
incrustado, extendía sus brazos y serraba los puños de forma intimidante. Oí el
impacto antes de ver sus manos moverse. Todo ocurrió muy rápido. Solo supe que mi
cabeza dio contra la pared, y al momento siguiente yo abría la puerta y salía
corriendo por un corredor, que lindaba con una ramificación de pasillos que
conducían a distintas partes de la casa. Respire con dificultad y le eche un
vistazo el corredor, de este a oeste. Mire para atrás. Afortunadamente el chico
no me seguía. Pero si pude oír sus pasos acercándose a la puerta. Pude oír su
respiración.
Apenas pude caminar. La pierna derecha no me
respondía. Quizás por el miedo no me avía dando cuenta antes, pero tenia una
enorme cortadura de la rodilla hasta el tobillo. Me palpe la frente, ya no me
sangraba, pero si me dolía mucho. Avance lo mas rápido que pude, habían muchas puertas a ambos lados del
pasillo. Puertas de habitaciones. Pero todas vacías.
Vivía en una casa donde había doscientas cuarenta
habitaciones. Y solo unas pocas ocupadas. Bruscamente gire a la derecha, i me
interne por un pasillo repleto de cuadros. Muchos pertenecían a la familia real
de Inglaterra. Había pinturas de mi familia. La más llamativa, una de mis
padres, en unos de los costados de la pared del pasillo por donde andaba.
__ ¡Hijo! __grito una voz en uno de los
cuadros__. ¡Huye de el! ¡Aléjate de aquí! Ya viene.
No pude ver de quien era porque estaba muy
oscuro y me guiaba palpando
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la
pared.
__ ¡¿Quien anda ahí?! __pregunte en voz
alta. Pero no hubo respuesta. El dolor en la pierna se incrementaba y hacía que
cojeara. Conteniendo el aliento, mire de refilón en una esquina. Un resplandor
se divisaba al otro lado. Me cerciore de que el no me siguiera.
¿Pero quien demonios era ese chico? ¿Quería
matarme? Me deje guiar por el resplandor y avance por el pasillo lo más rápido
que pude. En la mansión Mortinzzon no todo era lo que parecía. Porque un simple
cuadro podía ser un pasadizo. Una puerta podía lindar con el techo, y las
estatuas podían ser entradas ocultas a túneles que iban al subsuelo. Sentí un
brutal estremecimiento, como si una mano helada pasara por mi espalda.
Seguí caminando hasta llegar a una puerta.
Gire el pomo. Por suerte no chirrió al abrirse. Quede en frente de una escalera que ascendía a una
parte de la casa que no había ido jamás. E increíblemente a su lado había dos
escaleras que se entrelazaban, que ascendían, atravesaban una biblioteca y llegaban al techo.
Vivía en una casa antigua como de trescientos
años. La única a la redonda en una explanada de césped, bien cortado, y una
extensión de bosques, en un radio de varios kilómetros. Por lo que no había
forma de salir, ni de pedir ayuda. Los vecinos más próximos estaban a varios
kilómetros. Y hacía unos años que habían muerto. Y para hacer las cosas mucho
peor todos los habitantes de la mansión Mortinzzon estaban dormidos, muy lejos
de mí, y sin ninguna posibilidad de que escucharan mis gritos de auxilio.
Descendí por una escalerita de piedra,
termine llegando a una sala, con varias gárgolas apostadas en las esquinas. Me
limpie la sangre y sudor de la frente, sin dejar, por un solo minuto de estar
alerta. En mi carrera me tope frente a frente con el tétrico cuadro de la
muerte.
Parecía tan vivo en el lienzo que no pude
evitar estremecerme. Mi corazón latió más lento cuando llegue a un pasillo con frescos
en el techo. Habían ángeles y demonios, peleando, ambos tan parecidos y al
mismo tiempo con propósitos tan distintos. Agache la cabeza en lo que oí algo
caerse y hacerse añicos, en cuanto llego al suelo. Deje de respirar por un rato
en cuanto el pánico me hizo retomar la calma.
¿Cómo había llegado a esas? Primero estaba
en una autopista. Luego me ataca ese chico. Aparezco en una funeraria, y ahora
que no estoy soñando, me
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doy
cuenta que de verdad, alguien quiere matarme.
Jadié un poco en el primer escalón de una
escalera que me llevaría a unas de las puertas de salida de la casa. Tenia que
llegar a ellas. Si lo hacía, podría salir, y escapar vivo si tenía un poco de
suerte. Había un vigilante en las verjas a casi dos kilómetros de la casa.
Tenia que llegar hasta allá. Decirle lo que sucedía. Pedirle que llamara a la
policía.
Me agache en una esquina. Vi de perfil de
mis padres en una pintura, que la luz de la luna iluminaba perfectamente. Mi
madre, tenía el cabello rojo y le caía en ondas sobre los hombros. Me pareció
que sus ojos verdes brillaban como
esmeraldas. Mi padre le sujetaba la mano, y por un momento, me pareció ver sus
ojos azules moverse y girar al lado derecho.
Temblé de pies a cabeza. ¿Qué era eso? ¿Abra
sido un mensaje? ¿Un claro anuncio de lo que debía hacer para salir con vida de
allí? No me lo pensé más, y comencé a correr en la dirección que me pareció que
mi padre me indicaba. Desde niño había podido leer los pensamientos de la
gente. Ver su pasado, y a veces su futuro. De vez en cuando veía gente muerta.
Pero estaba vez no podía ver nada. El chico de ojos negros y tenebrosos me embotaba
la mente. Bloqueaba cualquier obseso que yo pudiera tener sobre la manera de escapar.
¿Dónde estaba Steven cuando se le necesitaba?
El no estaba en la casa. Había salido, maldita sea, precisamente ese día con su
novia. Robert se hallaba profundo. Eva y Ursula, estaba tan lejos, que ni
estando despiertas hubieran podido oírme. De los demás habitantes, ni hablar.
Esa era una de las tantas desventajas de vivir en una de las casas más grandes
del mundo. En una casa tan siniestra como la mía.
Di dos pasos.
Pero me detuve en seco…
Apenas pude moverme en frente de la
puerta. El chico de ojos negros de postura intimidante y acecina estaba en el umbral.
La puerta partida a la mitad, oscilaba de las bisagras, y el golpeteo de una ventana
por el viento era el único sonido que podía oírse. Con el corazón en la garganta
me quede mirando al chico de arriba abajo. Realmente eran tan poco lo que podía
ver. La luz era escasa, y el poco resplandor que daba allí, solo resaltaba
todavía más el brillo espeluznante en los ojos del chico. Si pude ver que sus
brazos eran fornidos, usaba vaqueros, y estaba descalzo.
Presa del pánico espere y espere.
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Cuando dio el primer pasó. Las dos mitades
de puerta se desprendieron de las bisagras y cayeron con un sonoro crack en el
suelo. Hubo un rechinar de las puertas en el piso superior. Y una linterna,
que se prendió a pocos metros de mí.
La persona de la linterna se acerco y acciono
un interruptor, y todo nuevamente quedo iluminado.
__ ¿Esta bien, joven Tom? __Charlie el mayordomo,
se acercaba a mí de forma prudente.
__ ¡Estoy herido! __respire
entrecortadamente__. Llama una ambulancia. Y a la policía. Hay un tipo en la
casa.
Oriente la mirada a la puerta. El chico no
estaba. En su lugar estaba la puerta intacta. Medio abierta, y meciéndose de
adelante para atrás al copas de las agujas del reloj que se oía en la sala mas
próxima. Atónito, fuera de si, lleve mi mirada en todas las direcciones. El mayordomo
frunció el entrecejo.
__ ¡No estoy loco! __dije sudando frio__.
Le juro que avía alguien aquí. Era un chico, mire lo que le hizo a mi frente.
Mire mi pierna, esta sangrando.
__ ¿Esta usted bien? __me miro la frente,
luego a la pierna__. Porque tanto su cabeza como sus piernas siguen intactas.
__ ¡No pude ser! __me palpe la frente. Era
verdad, sin un rasguño como estaba antes del sueño. Antes de despertar. Me
quede en una sola pieza estupefacto, cuando mire mi pierna. Nada. Era igual que
siempre. Sin sangre. Ni cortaduras__. Tiene que haber un error. Aquí justo en
el umbral de esa puerta, había un chico, técnicamente había partido esa puerta
en dos. Me miraba de una forma acecina. Lo juro.
__Quizás todo fue parte de una
desagradable pesadilla __dijo el mayordomo formando en su boca una irónica
sonrisa__. Además, no creo que ningún humano sobre la tierra tenga la fuerza
suficiente, para arrancar una puerta y partirla en dos. No una puerta tan
gruesa. No lo creo. Fue solo un mal sueño. Una lamentable alucinación. Le sugiero
que regrese a su cuarto, y trate de volver a dormir.
__No creo que pueda __dije limpiando el
sudor de la frente, con la manga del pijama__. ¿También se había ido la luz, verdad?
__No, siempre a habido luz __respondió
el__. Esta usted muy pálido, quiere que le llame a Eva. Le puedo pedir que le
prepare un te bien caliente.
__Si despiertas a Eva a
la mitad de la noche
seremos dos los muertos
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__dije
apenas sonriendo. Todavía tenía el miedo a flor de piel.
__Tiene usted toda la razón __dijo el
mirando la puerta con preocupación__. ¿Puedo hacer algo más por usted?
__No __dije. Un escalofrió me recorrió
todo el cuerpo__. Puede irse a dormir. Y quizás tenga razón, tal vez todo fue
parte de un sueño. Por favor, no mencione esto a nadie.
__Así será __dijo el retirándose.
Al
día siguiente, luego de una larga ducha con agua caliente, y de que me puse
unos vaqueros, una chaqueta negra, salí de mi habitación, y volví a recorrer los
mismos pasillos que había usado para huir, de mi atacante. Todavía me costaba
creer que eso no hubiera pasado en verdad. Fue tan real, que se me helaba la
sangre de solo pensarlo. Los ojos negros chicos. La fuerza que me golpeo contra
la pared. Y extrañamente la manera en que había partido la puerta en dos,
desaparecido y dejado todo como antes.
Me costaba entender todo ese asunto. Digerir
cada detalle, tratar de responder cada pregunta, resolver cada disyuntiva. Me estaba
volviendo loco, eso era, pensé cuando llegue a un larguísimo comedor que nadie
usaba. Mis padres habían muerto hacía seis años, y la casa había quedado más
sola que nunca. Sentí algo de nostalgia cuando pase en frente de las pinturas
de mis padres, y comencé a detallarlos detenidamente. Había quedado
increíblemente intrigando por lo que había pasado a media noche. Lo de la vos
me tenía en incertidumbre, luego aquello de los ojos de mi padre moviéndose en
el lienzo. Nada de eso cavia dentro de lo racional. Para cualquier persona
normal algo como lo que me había pasado podía sonar una locura.
Pero para mi, y todos los que vivían en
esa casa, y que estábamos acostumbrados a lo inverosímil, o sobrenatural,
resultaba normal. Pero no podía confiar en nadie. No por ahora. Me quedaría con
ese secretico por un tiempo más. Todo aquello resultaba como una capa de
tinieblas, de la misma neblina que cubría la casa, casi siempre.
Mi imagen quedo reflejada en un espejo que
cubría una vitrina, al final de un pasillo lleno de esculturas, que representaban,
en su mayoría a los dioses del Olimpo. Un uno que otro ángel y demonio desnudo.
Uno de ellos le sumergía una espada al otro en el pecho. Me detuve un momento
frente al espejo. La imagen del chico delgaducho, pelo negro azache y ojos
verdes, quedo
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reflejado.
No era tan alto para mi edad, pero estaba conforme. Y que importaba eso, si
nunca había sido popular en la escuela, donde casi todo el mundo hablaba a mis
espaldas. Y me aterraba aun mas pensar en como seria la universidad. Empezaba
en Oxford el próximo lunes. A decir verdad
me aterraba mucho.
Le eche un discreto vistazo al pasillo
donde el chico de ojos macabros había arrancado la puerta. Ni loco pasaría por
allí. Por lo que decidí variar en otra dirección, una que me acortara un poco
el camino. Durante el trayecto no pude dejar de pensar en la funeraria, y lo
que el chico muerto había querido decirme.
La cocina de la casa era enorme. Había
sido construida para no desentonar con el resto de la propiedad. Habían doce chimeneas
de un extremo al otro de la cocina, con un estufa de seis metros de lago, con hornillas,
y una caldera para calentar el agua, y un ornó del que salía el aroma del pan
recién echo. Dos mesas alargadas en el centro; cada una con quince sillas bien
pulidas. A cuatro metros de la puerta una mesa ornamentada con oro y plata, que
tenia forma de L, donde los mas cercanos a mi, desayunaban conmigo todas las
mañanas. Y tal como lo veía, aquel día no estaría solo. Mientras camine hacia
las mesa en forma de L, varias preguntas se cruzaron por mi mente. No pude
evitar sentir otro escalofrió. ¿Si lo de anoche había sido real, ese chico no
podía ser humano? Nadie hubiera llegado tan rápido a donde yo estaba. Y si era humano,
debía de conocer bien toda la casa, y tomo un atajo que le acorto el camino
asta mi. ¿Quién era? ¿De verdad quería matarme? O solo trataba con éxito de asustarme.
Porque si era así lo había logrado, tanto que no volvería a conciliar el sueño
en un par de noches.
Mire la cocina despejada, excepto por
cuatro personajes. Dos de ellos estaban parados conversando en voz baja en una
esquina de la cocina, y los últimos, sentados a la mesa en forma de L, a tres metros
de la primera chimenea. Los de la mesa eran Steven, mi hermano adoptivo, un
chico que mis padres encontraron un día en la carretera y habían decidido
criarlo; y Robert, mi chofer; no por gusto, sino por un significativo y
vinculante juramento que le había exigido su padre: “Si algún día muero y no he
pagado mi deuda, prométeme que tu la enmendaras por mi, a la familia
Mortinzzon” patético, verdad. Al fin y al cabo, así se acostumbraban a hacer
las cosas en ese tiempo. Hoy con internet y móvil,
y toda clase de
inventos todos funciona
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bastante
diferente.
Cuando le vi de espaldas con la vista fija
en el periódico, sentí algo de envidia por la devastadora y atractiva silueta
física que poseía, tenia el admirable porte de señor y no de esclavo. Los
padres de Robert, habían sido empleados de mis padres, lo que irremediablemente
significo que el y yo, creciéramos juntos. Esto hizo la convivencia mas liviana
e hizo que de algún modo fuéramos hermanos de sangre, y, aunque, no resultaba
ser así, mi madre nos trataba a los dos por igual, y consideraba abiertamente
sin ningún remordimiento, que Robert había nacido en la familia y en el lugar
equivocado. A veces, ella, admiraba la desquiciante
belleza de Robert, que se parecía mucho a la de ella, que en muchas veces,
fuera por accidente o por gusto, le llamaba: hijo.
Robert Lins era de espalda ancha y hombros
torneados, como esos chicos de ultrajante perfección, que se la pasan alzando
pesas todo el día; lo extraño era que Robert no lo hacia y sin embargo gozaba
de esa formidable estructura física. Su altura lo convirtió en toda una
atracción para las chicas, no porque fuera demasiado alto, sino porque sabía
llevar su uno noventa de estatura con porte varonil y tosco. Tenia el pelo
castaño claro, tan perfecto que abría aparecido sin problemas en cualquiera de
esos comerciales que reclutaban chicos por su cabellera. Su piel era blanca y
sus ojos cruelmente azules, muy parecidos a los de mi padre, aquel día hacían
juego con el bléiser negro sobre una camiseta de algodón manga larga, blanca.
Muchas veces lo habían confundido conmigo y
para ser mas especifico, la gente, cuando llegaba con Robert a ciertos lugares,
me ordenaban aparcar sus autos, cuando yo ni siquiera sabía conducir.
La mandíbula
amplia y cuadrada de Robert se contorsiono
cuando sonrió, se debía a los picaros chistes que aparecían en la última
página de London Times, acerca de los chicos con acné. Era increíble pensar que
Robert hubiera cumplido los dieciocho el mes pasado. Steven, mi hermano,
mandaba mensajes por el móvil; el era un rubio atlético, le gustaba hacer mucho,
los trabajos rudos, y cuando alguien necesitaba levantar algo pesado, el era el
indicado para el trabado. Lo contrario de Robert, Steven era mu bromista. Le buscaba
el lado bueno a todo, aunque no lo tuviera. Se pasaba de lo ordinario, y aunque
era un año mayor que yo, no maduraba.
Nadie noto mi presencia. Úrsula una anciana
desgarbada, que usaba un
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vestido holgado,
que la hacia ver siempre elegante, se hallaba
entretenida en una ávida conversación. Aun lado de la cadera le pendía un aro
de metal repleto de llaves que se sacudieron y tintinaron cuando ella hizo un
movimiento. Úrsula era nuestra ama de llaves; aunque a decir verdad, después de
que mis padres murieron, ella se convirtió para nosotros como una madre. Nos
vigilaba de cerca. Era de carácter suave, y no era dada para los abrazos.
La que hablaba a su lado era Eva Ontincen,
la responsable de la buena comida que se serbia en la mesa. Y todavía charlando
con Úrsula, removía, sin mirar, una enorme cazuela; se trataba de huevos
revueltos y tocino frito. Hum, que rico. Ella era una irlandesa alta y delgada.
Trabaja con nosotros desde que yo tenia cuatro años, ese tiempo a su vez, no
paso en vano en ella, porque su cabellera larga y tejida en un bien elaborado
moño, comenzaba a teñirse de blanco, y en épocas de frio se ponía un poco sorda
del oído derecho. Por lo demás, hablaba poco, y cuando lo hacía, era mejor no
estar cerca. También tenía sus buenos días. Era una suerte que tuviéramos a
alguien como ella trabajando en la casa. La última vez que yo intente cocinar
algo, aparte de que le prendí fuego a la cocina, termine matando al perro de
una indigestión. Me lleve una buena reprimenda de Eva por esa travesura.
Viéndolas reír, a Steven con cara de
idiota y a Robert gruñir, sabia que los tres tenían algo en común: conocían mi
secreto. Conocían la historia de la familia Mortinzzon. Sabían de secretos que
nadie mas debía conocer, por su seguridad. Bueno, en realidad, todos en la casa
lo sabían, pero con ellos cuatro era que tenía más cercanía. Un poco mas de
confianza. Y debido a esto, mi padre impuso una regla. No me gustaba para nada.
Pero cualquiera que revelara ese secreto debía ser acecinado junto con la
persona a la que se lo había contado. Éramos videntes. Gente capaz de leer los
pensamientos de las personas. Con el don de ver sus recuerdos. De divagar en el
pasado, y, no muy a menudo, hasta predecir el cámbiate futuro.
Yo también era un vidente. El único que
quedaba en la casa. Tía Margaret vivía en Londres. Así que no contaba. El don
de Robert era el de conquistar chicas y luego darles una patada por el culo. Y
la habilidad de Steven era comer cuando le rujian las tripas, aparte de eso,
mas nada en especial.
Tome asiento al lado de Robert, que con su
robustez y Supremacía me hizo sentir inferior. Mire de reojo a Steven, no
necesitaba ver su móvil, para saber que le escribía a su novia, una chica cursi, que no lo
dejaba en paz, ni por un
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segundo. Nosotros
no acostumbramos a saludarnos, como asen otras familias, que dicen “buenos
días” “hola” “como dormiste” eso para nosotros era basura.
Eva me sirvió una buena ración de huevos y
salchichas. Era demasiada comida. No podía con tanto; pero había alguien a mi
lado que si. Steven vio mi desayuno con expresión implorante. Asentí, le dejaría
la mitad. Viro su mirada al móvil. La expresión de Eva era algo perturbadora,
tuvo una mala noche, pensé. Comencé a comer pensando de vez en cuando en el
chico de sudadera con capucha, y los mas resaltante que pude recordar de el, y
que no ayudaba en mucho, era que tenia músculos grandes y era muy alto. Una vez
más presentí que lo volvería a ver, y esa vez no tendría tanta suerte.
Le di un largo sorbo a mi café, saque lo
malo de mi cabeza y me centre una vez más en Robert.
__ ¿Algo interesante en el periódico?
__pregunte dándole un mordisco a mi pan tostado, luego pinche con el tenedor
una rebanada de salchicha y me la lleve la boca.
__ Lo de siempre __respondió Robert
pasando la hoja del periódico que ya había leído__. Políticos obsesionados…aah,
y en sucesos el suicidio de una jovencita. Se colgó del techo de su casa, en
Londres. No entiendo como la gente pasa todo el día lamentándose por las cosas
malas que le pasan. Nacemos y morimos, es la ley inexorable de la vida…supongo.
No opine nada al respecto: ese era Robert;
susceptible, educado, claro que en repetidas ocasiones su rudeza ordinaria
restaban lo mejor de su persona. Los fuertes nacen para aplastar y no para lo
contrario. Robert se alardeaba de lo que
la naturaleza le había dado a el y que a
mí me avía negado: perfección.
Vi a Steven con algo de repulsión, por la
manera en que masticaba y engullía los alimentos, era tan desaforada, aunque
estaba dentro de la manera en que un joven de su edad devoraría de su comida,
aunque a mi me daba asco. Comía como un cerdo. Aparte la mirada con rapidez y
tome la hoja de sucesos que Robert había tirado a un lado, casi encima de mis
huevos revueltos. Penetre la mirada en las notas que encabezaban la primera página.
Se
suicida chica de diecinueve años en Londres
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Clara
Varthy, se llamaba la chica de dieciséis años que hace un mes había residido
junto a su madre, Britani Varthy, y su padrastro Aníbal Varthy en Londres, y fue
encontrada ayer por la tarde, específicamente a las seis y treinta, en la sala
de su casa. Su madre quien había terminado su turno el la prestigiosa tienda
Harrod, y que fue directamente a su residencia, la encontró colgando de la viga
de techo de la casa. Una soga gruesa hacía presión en su cuello, afirmo ella,
desconcertada. Para cuando llegaron los paramédicos la chica ya no tenia signos
vitales.
¡Fue
un suicidio! Aseguro el medico forense. No se encontró ninguna causa o huella
que evidenciara que la señorita Varthy hubiera sido asesinada. El señor Aníbal Varthy
llego dos horas después del espantoso hallazgo. Según fuentes cercanas a la
familia, clara era una chica sorprendente, cuya meta era convertirse en una celebre pianista. La
madre aseguro que Clara nunca presento antecedentes depresivos. Se comportaba
como lo haría cualquiera chica de esa edad. La policía espera averiguar más al
respecto. Aunque la voluntad de la madre es que dejen las cosas tal y como
están.
Corren
muchas hipótesis acerca del caso, entre ellas la del reconocido detective
escoses Fred Holt, quien aseguro que los
deseos y conflictos que impulsaron a la chica a quitarse la vida, sin una causa
aparente, hacía que el caso a su juicio, no quedara del todo claro. Entre tanto
la chica será enterrada, por petición de los padres, hoy por la tarde.
Quite la vista de la fotografía, estaba
algo borroso.
__Pobre
chica __dijo Robert mirándome __. Nunca he entendido porque la gente atenta
contra su vida. La gente debe huir de los problemas y no dejar que estos acaben
contigo ¿por qué no solo se fue de casa?
Su pregunta estaba impregnada de duda. Era
claro que quería que un vidente le diera la respuesta.
__ No logro ver la razón __dije aturdido.
El porque de su repentino suicidio no estaba claro__. Definitivamente algo le
atormentaba. Algo ligado a su contorno...no se que...no estoy seguro.
__ ¿Era bonita? __me había rapado el
periódico de la mano y contemplaba la fotografía con demencia__. Apuesto a que tenía
novio.
__Si, era bonita __le dije con desdén. No podía
creer que en un momento
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como ese, el solo
pudiera pensar en aparearse__, no tuvo un novio muy agradable que digamos. Iba
a la secundaria Berlín de Londres. Tenía dieciséis años y soñaba con ser
pianista.
__ No se vale, la edad y lo de ser pianista
lo viste en el periódico __dijo fulminadme con la mirada, aunque luego sonrió__.
No tengo duda de que necesitaba a un hombre como yo.
__ No lo dudo __dije pasando la pagina__.
Aunque conociéndote, la chica abría terminado por saltar de un acantilado,
nadie soporta que lo engañen una y otra vez.
__ Quien las manda __dijo sonriendo como si
fuera una celebridad.
Me enfoque de nuevo en el periódico. No quería
escuchar más sandeces.
Las notas fúnebres; se trataba de la
conmemoración de la muerte de una tal Sara Flecher, que cumplía diez años de su
muerte.
Leí
una parte en la que Paul su esposo y sus tres hijos. Los hijos de la fallecida
la extrañaban mucho, y esperaban reencontrase con ella en el fin sus vidas. Era
algo deprimente.
__ No debió haber sido fácil para estos
chicos quedarse sin madre tan jóvenes __dije pensativo. Lo decía un chico que había
perdido a sus padres bastante joven, un reto definitivamente fácil de asumir.
__ ¿Qué le sucedió a la madre? __pregunto
Robert, mientras le daba un sorbo a la taza de café. Los padres de Robert
también habían muerto. Iban en el coche de mis padres el día en que ocurrió
todo. Un accidente de coche acabo con sus vidas. Fue algo bastante
desagradable.
__ Murió de cáncer de seno __dije con
intranquilidad. Invoque imágenes de ella consumiéndose y me entro un deseo
indiscutible de vomitar__. No sabes cuan difícil fue para ella dejar a tres
hijos entre, uno, cuatro y seis años. Muy jóvenes ¿no crees?
__ Estarán bien __dijo Robert muy serio__.
Les paso lo mismo que a nosotros y...ya vez, seguimos vivos.
__ ¿Pueden dejar de hablar de tragedias?
__gruño Steven con restos de comida en la boca__. Estoy ablando con mi novia.
Escuchar sobre muertes me deprime. No es un tema muy inspirador que digamos a la
hora de escribir frases bonitas.
__No
puedo creerlo __dijo Robert__. ¿Le estas escribiendo poemas?
Arrugo el rostro.
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__Es diferente __le cuestione retomando la conversación__.
Nosotros quedamos huérfanos en una edad en la que podíamos valernos por si
solos...este caso va mas allá del límite de lo razonable...pobre del padre de
esos chicos.
__ Hablas como si el fuera el culpable
__gruño Steven, oprimiendo la tecla de envío__. Le tocaba morir así...o tu
crees que la muerte le abría dicho, tranquila mujer, esperare, y cuando tus
hijos se casen, tengan hijos, y sus hijos tus nietos, vendré por ti... ¡murió
cuando tenia que morir!
__ ¡Creo que no es justo! __reprimí.
__ Y quien dijo que la vida fuera justa
__dijo Robert enalteciéndose en su asiento__. El padre de estos chicos es un
hombre y los hombres estamos hechos para el trabajo duro...si caemos nos
levantamos y seguimos.
__ Entonces conociéndote como te conozco
puedo deducir que nunca tendrás hijos __le fulmine con la mirada__ ¿Verdad?
__ Me da ganas de vomitar de solo pensarlo.
Imagínate un montón de mocosos corriendo como cabras locas de un lado al otro
¡Ni lo sueñes! __añadió Robert sin mucho entusiasmo.
Sonreí.
__ Iré a Londres en la tarde __dije para
cambiar un tema que no iba a ninguna parte.
__ ¿Hoy domingo? __se retorció en el
asiento. El tono de su voz, dejo en evidencia que tenía otros planes para ese día.
Lo sentía. Así era.
Pero lo que se había presentado era
irremediablemente reciente. Sin ninguna mezquina premeditación.
Le mire preocupado. Parecía que iba a estallar
en cualquier momento.
__ ¿Creí que comenzarías en Oxford, mañana?
__susurro.
__ Y
así es __proteste vagamente__, los planes originales se mantienen...Es solo…que
tengo un presentimiento. No puedo decirte con exactitud que es…pero es sobre
algo delicado. Algo que puede pasar si no intervengo.
Los ojos de Steven brillaron divertidos.
__ Hablas como ese chico de los libros,
Harry Potter, es que se llama __dijo Steven divertido. Luego su rostro se volvió
decididamente serio__. En serio, ¿Que va a pasar en Londres?
__ Te dejare con la duda, vale __dije
contemplando su cara disgustada__. Iremos a Londres después del almuerzo.
25
Robert me fulmino con la mirada.
__ ¡¿Quieren acabar ya?! __grito Eva,
enfrente de nosotros__. ¡No tengo todo el día! y con ustedes usando los platos
no puedo lavarlos. Más prisa. ¡Vamos, coman!
__Háganle caso __apoyo Ursula, tomando
asiento__. Hoy no ha sido un buen día
para ella.
Almorcé lo más
rápido que pude, y me dirigí a una parte de la casa que estaba en el subsuelo:
el estacionamiento. Baje los escalones y me encontré con varias luces segadoras
encendidas. Acelere el paso y vislumbre a Robert, apoyado en la esquina de un Mercedes
negro CLS, CLASS, de cristales ahumados
que había comprado mi chofer cuando cumplí los dieciséis años.
Era el Mercedes más nuevo del mercado.
Cuando voltee a mirar a los lados sentí una torturadora sensación que nunca me
dejaría. Contemple los cientos de autos que habían a lo largo y ancho del
estacionamiento: Jeep, Deportivos, Homer, Nissan y un sinfín de marcas que me hacían
explotar de euforia. Me llamo la atención de una antiquísima pero bien
conservada línea de autos clásicos, que no se veían opacados, dentro de la bella
y moderna colección de autos caros.
Me odie a mi mismo al reconocer que no
sabia manejar. Estaba molesto. No me decidía a acabar con el miedo de manejar
un coche lo antes posible. Y algo que había contribuido considerablemente a mantenerme
reacio a tan tentativo aprendizaje, era que mis padres hubiesen muerto por un
choque y dentro de un coche.
Avance hasta el Mercedes. La carrocería
estaba tan pulida, que en el mismo momento que me puse delante de el, mi imagen
quedo reflejada. Aturdido, por la amenazante imagen del joven en el sueño, deje
de un lado el alucinante auto, y me enfoque en decidir si contarle a Robert lo
sucedido en el sueño o no. No se porque le daba tanta importancia, a fin de
cuentas era solo un sueño. No más que eso. Creo.
Me contuve, sentí cierto enojo en los ojos
de Robert, que me decían que aun estaba molesto, porque mis planes habían
comprimido los suyos. Parte de nuestro acuerdo consistía en respetar su espacio
personal, y más importante, su tiempo libre.
__ ¿Todo en orden? __pregunte
automáticamente.
26
El me miro con cara de pocos amigos.
__ ¡Estas cuestionado mi trabajo!
__protesto y subió al auto. Serró la puerta de golpe.
__Lo siento. No quise… __dije sin terminar
la oración. Tome el asiento del copiloto. Normalmente a el no le gustaba que
ningún hombre fuera a su lado o terminaría recibiendo un puñetazo. Normalmente
ese asiento siempre estaba reservado. Sobre todo en el caso de que una chica
guapa, estuviera esperando en el borde de la carretera, que un viajero, la acercara
a su destino. O al asiento trasero en el caso de Robert. Ese día no importaba.
Me arriesgaría. Cuando serré la puerta, el
Mercedes se puso en movimiento, al tiempo en que dos compuertas metálicas se
abrían de manera mecánica. Robert encendió las luces del coche en cuanto
subimos en sículos hasta pasar por el medio de dos setos, pegados a una de las
fachadas delanteras de la casa.
Steven nos esperaba al final de los setos.
¡Diablos!
__ ¿No pensaban irse sin mí? ¿O, si? __dijo
sentándose en el asiento trasero.
__ ¿Tu, que crees? __dijo Robert de mala
gana__. Se puede saber que necesitas tú, ir hacer en Londres.
Steven iba a cursar el segundo año en el colegio
universitario.
__Tengo que inscribirme __dijo Steven sin
pena alguna__. Ya saben, actualizar mis datos. Ponerme al día.
__ ¿Y esperas el último día de vacaciones
para hacerlo? __dije impresionado__. Típico de ti, dejar todo para ultimo
momento.
Nos internamos por una vía pavimentada que
atravesaba el bosque con la intención de llegar a la carretera principal. Algo
me incomodo y quise saber que era. Era una bufanda de color gris claro. No pude
contenerme, aquello era algo que despertaba en mí un terrible ápice de curiosidad.
Sin duda alguna pertenecía a una chica. A otra del montón.
Una buena manera de romper el hielo.
__ ¿Una nueva conquista? __pregunte. Sentí
una macabra agonía en su rostro.
__El adivino eres tu. Deberías saberlo
__dijo serio.
Sentí una ligera
carga de frustración en su vos, como si
dentro de el
27
hubiera un dejabu
de atormentantes pensamientos que extinguían
poco a poco su grado de simpatía.
Steven rio por lo bajo.
__Lo conoces __dijo Steven poniéndose los
audífonos__. Oiré música. No me gustan las historias de sexo de Robert. No
quiero vomitar.
__ Podría adivinar, si __dije pensativo.
Comenzó a llover, y las gotas caían sobre el cristal con la furia de un toro
embravecido. El parabrisas luchaba por mantener despejado el vidrio delantero
del auto__. Pero que sentido tendría adivinarlo todo. Evitaría por completo
cualquier relación verbal entre nosotros ¿Quién es la nueva conquista?
__Solo somos amigos __dijo Robert pensando
en ella. Sonrió. Era una buena señal de que el enojo se estaba apagando tal
como el agua apaga el fuego__. La conocí camino a la mansión. Sus padres y sus hermanos
se mudaron recientemente a la mansión Lombardeen.
__Esa casa esta cerca de la nuestra.
__aunque así lo sintiera, la verdad era que estaba distanciada por varios
kilómetros.
El Mercedes viro a la derecha y luego a la izquierda
entre curvas lo peligrosamente serradas como para ir demasiado rápido.
Contemple la majestuosidad con la que habían
crecido los arboles, a ambos lados de la carretera que no percate cuando
llegamos al frente de dos altísimas verjas de hierro, con figuras de demonios sujetados
de ellas.
Robert hundió un botón el la parte
posterior del volante y la verjas comenzaron a deslizarse a los lados con un
enorme estruendo metálico.
Al salir a la carretera principal me cerciore
de que las verjas habían vuelto a serrarse, asumiendo su antigua forma, asiendo
la entrada a la propiedad Mortinzzon impenetrable. Y si no se serraban, para
eso estaba el vigilante.
Algunos coches iban en la misma dirección
que nosotros. La diferencia, lo lento que iban. Robert acelero y tardamos unos
miserables segundos para dejarlos bien atrás.
__ ¿Cómo se llama la chica? __pregunte
conteniendo el deseo de adivinarlo.
Su sonrisa antes de responderme me causo repulsión.
__ Sofía __respondió después de una
pausa__. Si la vieras creerías que es modelo de la marca Burberry.
Steven movía lo labios. Coreaba una canción
de Coldplay.
__Bonito nombre __dije intrigado de su procedencia__.
¿De donde viene tu
28
próxima victima?
__ De Quebec, Canadá __respondió complacido.
__ ¿La enamoraras como al resto? __mi tono
de voz fue severo.
__Posiblemente __dijo, contemplado sus
posibilidades con ella__. Es diferente a las demás chicas con las que he
estado…es sumamente amable, aunque a veces noto que es más ruda y fuerte que lo
normal…hipnóticamente extraña.
__ ¿La dejaras en cuanto comas el postre?
__pregunte mirando el coche que intentaba pasarnos.
__ No lo se __dijo frunciendo el seño__ ¿Dime
que va a pasar?
__ ¡No! __dije mirándole a los ojos__, no
puedo decirte si Sofía caerá o no en tu trampa. Solo puedo decirte que uno de
estos días conocerás a la chica que te de una buena patada en el trasero.
Robert sonrió, viendo esa posibilidad
imposible o muy lejana.
__ No lo creo __dijo con el ego
engrandecido__. No ha nacido la mujer que sea capas con este macho __me miro de
repente con un gesto inquisitivo__. Que hay de ti. ¿Alguna chica?
__ Ninguna __respondí con nostalgia__. Yo
no soy como tu. No tengo suerte para el amor. Digamos que soy el tipo de chicos
que esta destinado a estar solo.
__ ¿Y quien hablo amor? __dijo Robert con
petulancia__. Nunca te enamores. Las chicas son para divertirse. Nada más. Feo
no eres. No se fijan en ti, tal vez…por…
__Por lo nerd __termine__. Y no creo que
sea eso. Nunca he sido popular. Es todo.
Arrugo la frente.
__ Supongo, que tienes razón __dijo con
tono burlón__. Has lo que yo, una usadita y a la basura.
Lo fulmine con la mirada.
__
Sabes que no me gusta oírte hablar así __dije de mal talante__. Me reiré hasta vomitar
cuando encuentres a la chica con la horma de tu zapato.
__Ríes muy poco, la encontrare para darte el
gusto…espera sentado.
La autopista camino a Londres, no estaba
tan congestionada como en otras ocasiones, donde los trancones resultaban
insoportables. La lluvia que se había desatado desde el medio día, comenzaba a menguar lo que aria un poco
29
más cómodo el
camino.
Cuando llegamos a Londres había dejado de
llover. Robert me pregunto a donde quería ir. Sinceramente, ni yo mismo lo sabia.
Por lo que decidí que primero llevara a Steven a su universidad. Y luego veríamos.
Algunas personas que caminaban por la acera,
se detenían y se quedaban mirando a al Mercedes, como si nunca hubiera visto
algo parecido. Cuando vi los semáforos me pareció estar viendo los mismos, que
los de esa noche, en el cruce de la carretera, en el sueño, en el que
misteriosamente había llegado a esa funeraria. Al cambiar el semáforo, reanudamos
la marcha en la dirección que había indicado Steven. Pensé en mi presentimiento.
En ese deseo que se despertaba en mi pecho, y aceleraba los latidos de mi
corazón, y que sucedía cada vez que algo malo iba pasar.
Robert acelero. El coche rechino, y busco
un sitio en el aparcadero más próximo a la universidad. Sucedió en una decima
de segundo. Todo quedo claro en mi mente. La imagen borrosa de que lo iba a pasar
llego a mi subconsciente. Tenía que actuar ya, o seria demasiado tarde. El
miedo inundo mi mente. Pensé que hacer a la velocidad de un rallo. Pise el pie
de Robert puesto sobre el freno. El mercedes, chirrió y dio coletazo he hizo un
trompo en medio de la carretera. Estuvimos a punto de rozar un Volvo negro.
__ ¡Que demonios fue eso! __dijo Steven
respirando entrecortadamente.
__ ¿Que sucede? __pregunto Robert
desconcertado.
__ ¡Los padres de clara…están…están en
peligro! __dije con el ímpetu de la adrenalina.
__ ¿Peligro? __pregunto Steven.
__ ¡Que van a morir! __grite.
__Ya entendí __dijo Steven arqueado las cejas.
__ ¿Sabes como llegar a esta dirección?
__le pregunte Robert señalando un punto
en el mapa, que señalaba el lugar donde Clara vivía.
Robert lo pensó por un momento.
__Creo que si __dijo ceñudo.
__Llévanos ahí, ¡Ahora! __dije
atemorizado.
__ ¿Puede decirnos que viste? __pregunto
Robert acelerando el coche.
__No lo tengo claro __gemí__. Acelera.
Tenemos poco tiempo. ¡Luego les explico!
Por instinto Robert siguió
mis indicaciones. Se le adelanto
a todos lo
30
coches que
aparecían en el camino. Con seguridad teníamos a varios policías siguiéndonos
el rastro. Estaba seguro de que habíamos quebrantando la ley varias veces. Rebasado
el limite de velocidad permitido por la leyes Londinenses. Respire hondo, y vi como
el Mercedes se colaba por entre una callejuela angulosa. Estuvimos a punto de
atropellar a una señora.
Salimos a una autopista cerca del Támesis
que estaba menos concurrida. El miedo y la ansiedad me carcomían. ¿Cuánto
tiempo teníamos? ¿Veinte, treinta minutos al lo mucho? Robert freno y giro a la
derecha en el próximo cruce.
No adentramos al lado sur de la ciudad. Las
calles estaban oscuras y revueltas. Parecía que sol nunca tocaba esos vecindarios.
Los edificios eran altos y lóbregos. Había cubos de basura por todas partes,
mucha ella esparcida por el pavimento, en el que un par de gatos atisbaban, y cogían
restos de lo que parecía ser un pescado, o restos de algún roedor. Había gente
mirándonos desde las ventanas. Ojos tenebrosamente dirigidos al Mercedes. Ladrones
hambrientos. Asesinos enfurecidos. Me arrepentí. No sabia si fue buena idea haber
venido aquí, pensé. Si alguna situación peligrosa se presentaba, no abría lugar
ni tiempo para escapar.
__ ¡Detente aquí! __le señale a Robert un
edificio vacio y lúgubre con todas las ventanas segadas con rejas.
__ ¿Estas seguro de que es aquí?
__pregunto Steven escrutando el lugar con la mirada__. ¿Aquí vivía Clara?
Asentí.
__Su casa esta a unas cuantas manzanas de
aquí __dije mirando el alto edificio que teníamos en frente. Estaba desgastado.
La pintura descascarillada, y algunas ventanas rotas, con rejas que oscilaban
en el aire__. Pero es aquí donde esta el problema.
__ ¿Que problema? __pregunto Robert
preocupado.
__ ¡Steven, vendrás conmigo! __dije frenéticamente__.
Robert, quédate aquí.
__Estas cociente de que esta no es una zona
muy segura __agrego Robert. Un tipo le sonreía por la ventana.
__El no es el mayor problema, créeme
__dije caminando rápido hasta la puerta más cercana en un costado del edificio.
Entramos y descendimos por una escalera en
ruinas, que iba al sótano.
31
Abri una puerta metálica, que rechino al
plegarse. Avanzamos por un pasillo, las luces por arriba de nosotros titilaban.
Había muchas tuberías que se desplazaban en varias direcciones a ambos lados de
nosotros. De algunas brotaba vapor de agua, cuyo sonido estridente me ponía cada
vez más nervioso. En otra podía oírse el borboteo del agua desplazarse. Pero no
era ese sonido el que me interesaba. Y a medida que avanzábamos, y el número de
tuberías se duplicaba haciendo incluso más
difícil el avance, todo quedo mas claro. Buscábamos una tubería de gas. Hubo un
débil tintineo, como el sonido de un tubo a punto de explotar. Steven y yo tuvimos
el impulso de apartarnos a un lado de un salto, pero nos contuvimos en cuanto
vimos varias ratas mordisqueando una docena de cables, en medio de un cubículo metálico,
cuya puerta estaba abierta de par en par.
A un lado del pasillo, estaba una especie
de ornó. Un ornó muy grande. Casi contiguo había varias bombonas de gas y un
calentador de agua. Ambos oxidados. Ambos con la fecha de vencimiento muy
próxima. Aceleramos el paso, y un poco mas allá estaba la tubería que buscábamos.
Rota como lo esperaba.
El gas salía en grandes cantidades. Una
chispa y todos volaríamos en pedazos. Me quede perplejo, inmerso, cuando vi la
magnitud del daño. La ranura en la tubería era más grande de lo que pensaba. Me
temblaron las piernas, cuando me acerque a examinarla. Saque un pañuelo del bolsillo
y me cubrí la nariz. Steven se quito el abrigo he izo lo mismo. Ya era insoportable
el olor a gas.
__ ¿Que piensas hacer? __pregunto Steven
mirando en derredor.
__Tenemos que repararla. Detener la fuga
cuanto antes __dije en voz baja. Me pareció oír unos pasos, pero no podía saber
si estaban lejos o cerca__. Tú me ayudaras.
__No se nada de tuberías __la voz de Steven
estaba impregnada de pánico.
__Tenemos que pensar en algo __dije
mirando los objetos más próximos, alguno tenia que servirnos para detener la
fuga. De pronto mis ojos cayeron sobre los forros gruesos, parecían de nailon,
que cubrían las bombonas. Se me ocurrió una idea. Rastreé mi cerebro buscando
la manera de extraerla.
Steven me miraba, pensativo.
__ ¿Tienes un cuchillo, por casualidad?
__pregunte, mientras me sentía un poco mareado, producto del el efecto del gas
en mi cerebro.
32
__ ¡Si, tengo uno! __respondió Steven en
seguida. Saco un llavero del bolsillo, entre las llaves pendía una navaja,
plateada, que destello con luz de las lámparas__. ¿Pero en que puede servirnos?
Se la quite si dar muchas explicaciones y
me dirigí asta las bombonas. Clave la punta de la navaja sobre el forro de nailon,
y la deslice casi dos metros asta abajo. Trace un semicírculo, y luego subí la
navaja al mismo lugar en donde había comenzado el corte. Arranque la tira.
Camine hasta la tubería y comencé analizar los pro y los contras del plan. Por
un lado todo saldría bien porque el nailon era grueso y resistente, detendría
la fuga. Pero por el otro, la panorámica no era muy buena. El tubo estaba muy
oxidado y con el menor índice de fuerza sedería mas, se abriría otra grieta, o empeoraría
la que ya estaba, lo que aria imposible arreglarla.
__ ¡Sujeta esta punta! __dije. Steven se
arrodillo. Yo pase el resto de la tira de nailon, por encima de la tubería, a
un centímetro de la abertura, y procedí a enrollar, apretando de vez en cuando.
La cara de Steven era de incredulidad. No iba a funcionar pensaba el. Me arrastre
un centímetro por el suelo y le di el ultimo apretón.
La abertura esta serrada. Frene la salida
del gas. Guarde el pañuelo en el bolsillo y le entregue la navaja a Steven. No
pensé mucho si eso daría resultados o no. Nos apartamos de la tubería con
cautela. Pero en el quinto paso, varios tramos de la misma tubería se rajaron,
mientras las demás tuberías se agitaron como locas, y los tornillos que las
mantenían sujetos a la pared, comenzaban a soltarse. Oímos un siseo, el gas
salía por todas partes. Una tubería se arranco de la pared, y una nube polvo
callo seguido de tornillos, y una ráfaga de vapor casi hirviendo. No se podía hacer
mas nada.
El tiempo se agotaba.
__ ¡Corre! __grito Steven cubriéndose la
cara. Lo mire presa del pánico. Ya no podíamos volver por el mismo camino.
Porque una nube de agua hirviendo bloqueaba el camino. ¿Pero entonces como saldríamos
de allí?
Las piernas me obedecieron y corrimos sin
parar por un pasillo, sin luz, ni ventilación. Steven prendió su móvil. Se oía
el ruido seco del vapor y el estruendo de varias tuberías deslizándose por el
piso. El corazón se me disparo y el sudor me caía a gotas. En ese lugar hacía más
calor que en el infierno. Caminamos, sin rumbo definido. El sitio era cada vez más
oscuro y desvaído.
33
__ ¡Tenemos que salir de aquí! __dije
alarmado__. Tenemos solo treinta minutos antes de que este lugar explote.
Steven
se puso pálido, abrió los ojos de par en par, temeroso.
__ ¿Puedes usar el móvil? __dije
respirando con dificultad. Tosiendo de vez en cuando. El olor a gas era más obvio
que antes. Y todos arriba ajenos a lo que sucedía__. ¡Dile a Robert que valla a
la casa de Clara y les diga a sus padres que tienen que irse!
__ ¡Maldición! __dijo Steven diciendo una
palabrota entre dientes__. No se puede. No tengo señal. Eres vidente. ¿Tienes
otra idea para salir de aquí?
Mire todos los pasadizos y rincones del
edificio. Cada recoveco bloqueado, ya fuera por una pared, un ornó, o una
gruesa tubería. Cada salida sellada. No se podía llegar desde allí al drenaje.
Solo había una forma.
El ornó, al lado del calentador. Ese ornó
tenia una entrada al otro lado de la pared. La puerta que vimos era una salida.
Claro, lo usaban para quemar los desperdicios. La sangre me hervía en la venas.
El olor a gas empañaba mi campo de visión. Era una locura pero era la única
manera.
__ ¡Sígueme! __dije corriendo al mismo
lado de donde minutos antes habíamos escapado__. Saldremos por el horno.
__Esto es una locura __dijo Steven desesperado__.
¿Y si lo prenden?
__Si lo prenden todos volaremos __me alejaba
de el__. Supongo que correremos el riesgo.
Steven corrió detrás de mí. No paso mucho,
hasta llegamos a la tubería de gas rota. Tuvimos que sortear varios tubos, en
el camino, y agacharnos un poco para que el vapor de una tubería a punto de
desprenderse no nos diera en la cara. Nos cubrimos la nariz, y avanzamos hasta
el ornó lo mas rápido que pudimos. Un rato oliendo ese gas y quedaríamos inconscientes
hasta morir lentamente.
Tome el abridor de la puerta de hierro. Lo
solté en seguida. Estaba caliente. Me quite el abrigo, me lo enrolle en las
manos y volví a tomarlo. Steven me ayudó a girarlo. La puerta se abrió con un
rechinar metálico, y dejo entrever, una cuarto oscuro, el suelo era una parrilla
tupida, y las paredes y el techo, estaban cubierto de hollín, completamente.
Aspire toda clase de olores en ese lugar. Animales muertos. Olor a detergente,
y el basto olor a quemado, que nunca nos
quitaríamos de la ropa. Sin saber que hacer. Sin idea a donde ir, corrimos hasta
el otro lado. La puerta estaba serrada.
34
Otro gran problema.
__ ¡La puerta…esta tiene el seguro! __dijo
Steven con ansiedad. Le dio un puñetazo a la pared__. Se abre desde afuera.
Comenzó a darle patadas de forma frenética.
El metal producía un eco, que se perdía en la otra salida. Desesperado me lance
con todo de lado. Nada. Casi me rompo el hombro, en otro intento. Mas serrada
que nunca.
__ ¡El suelo! __dije esperanzado__. Ayúdame
a quitar las trampillas.
Pesaban mucho. Apenas logramos deslizar
una, lo suficiente para que hubiera espacio para una persona, entre ella, y el borde
de la otra. Todo abajo resultaba invisible. Un campo negro era todo lo que
podía verse. Con el miedo escrito en su frente Steven se agacho, estiro el móvil,
la luz alcanzo a mostrarnos algo.
Había una montaña de cenizas a dos metros
de nuestros pies. Pero tenía que haber una puerta. ¿Sino, como sacaban la ceniza?
Observe el oscuro panorama durante un minuto. Mire el reloj. Teníamos menos de veinte
minutos.
__ ¡Saltemos! __le ordene a Steven.
Frunció el seño. Se guardo el móvil en el
bolsillo, se quito la camiseta y se la enrollo alrededor de la cara. No entendí
porque lo de la camiseta.
Salto el. Luego yo. De inmediato quedamos sumergidos
en una mar cenizas que me cubrían la cabeza y no me dejaban respirar. Patalee
con todas mis fuerzas tratando de hallar un lugar que me sirviera de soporte
para salir a la superficie. Tantee todo lo que tenia a mi alcance. Nada. La ceniza
me entraba por la nariz y boca. Entendí enseguida porque Steven se había
amarrado la camiseta alrededor de la cara.
Casi sin poder respirar mi codo choco con
una palanca metálica. No lo pensé mas, la tome y la moví para atrás. Enseguida oí
un rugido, y el ruido de varias cadenas jalar algo. Apunto de quedar inconsciente.
Note que éramos succionados, nos hundíamos, entre la ceniza. No pude ver a Steven
por ningún lado. Estaría muerto. Por mi culpa. Me retorcí en el aire.
Caí en el pavimento. Rodé sobre una
montaña de cubos de basura muy llenos, me golpe la cabeza con una botella de cerveza
y fue a dar a pie de una pared. Steven salió de entre los escombros, ceniza y corría
hacía mi.
__ ¿Te encuentras bien? __dijo Steven sacudiéndose
la ceniza con las manos. Tenía hollín en la cara. Teníamos hollín en todas
partes__. Levántate. ¡Tenemos que irnos!
35
Mire el reloj. Faltaba diez minutos.
No tardamos ni dos minutos en llegar al Mercedes. Robert, frunció la frente, no miro
de arriba abajo.
__No preguntes y acelera. Tenemos que
llegar a la casa de Clara cuanto antes __dije frenéticamente__. Esta a cinco
manzanas de aquí. Sigue recto.
El Mercedes abarco el trayecto hasta la casa lo
más rápido que pudo.
__ ¿Aquí es? __pregunto Robert deteniendo
el coche
__Si __dijo asiendo un ademan__. Aparca el
auto a la izquierda, es la casa mas destartalada.
Después de estacionarse, Robert observo con
desgano el edificio de seis pisos, que tenia una apariencia sucia.
__ ¿Aquí vivía Clara? __pregunto Robert
mirando el edificio.
__En la primera planta __dije.
__Viviendo aquí, hasta yo me hubiera tirado
del techo __dijo sonriendo.
__La gente vive como puede…su casa no fue
la razón de su muerte, estoy seguro de eso __proteste.
__Pero no se puede negar que da miedo este
lugar __dijo saliendo del Mercedes.
Unas ves frente a la casa, contemplamos, un
gigantesco camión de mudanza un poco mas allá de la entrada, de la que salían dos
hombres corpulentos con muebles de madera y un refrigerador muy pesado. En todo
el frente de la entrada había un coche muy destartalado que pertenecía a los
padres de Clara.
Salimos del coche a toda velocidad. Avanzamos
hacía la entrada. Atravesamos la verja de un jardín completamente muerto y llegamos
al umbral de la puerta, junto cuando dos hombres llevaba van a cuestas un pequeño
piano moderno. Nos atravesamos en su camino. Cuando caímos en cuenta y le
abrimos paso, nos fulminaron con la mirada, apenas pasaron.
__ ¡Idiotas! __murmuro uno de ellos.
__ Permiso __dijimos Robert, Steven y yo
al unisonó.
Encontramos la desgracia trágicamente
plasmada en cada centímetro de la casa. La madre de clara se hallaba abrasada a
su esposo, ambos desquiciados en el punible éxtasis de la muerte, ambos queriendo
esfumarse y desaparecer de la faz de la tierra. Matilde Varthy estaba en estado
de chok, y cuando alzo la cara para vernos, sus ojos
enrojecidos y húmedos
parecían decirle a su
36
esposo que
llamara a la policía. A decir verdad, cualquiera que viera a tres chicos
desconocidos aparecer de la nada; uno lleno de hollín, otro sin camiseta, y más
lleno Hollín, y el último de traje, y sin una mancha de suciedad, era para
asustarse.
Una mancha de sangre se divisaba en el
centro de la sala, en el mismo lugar en donde Clara había atado la soga a su
cuello para luego matarse.
__ ¿Quiénes son ustedes? __Pregunto ella
con lentitud, frunció el seño en señal de desconfianza. El hombre a su lado
pestaño varias veces, dudando de nuestros motivos allí. Saco el móvil del
bolsillo. Leí sus pensamientos. Iba a llamar a la policía.
__Soy Tom Mortinzzon, mi hermano Steven y
el es Robert Lins __dije lentamente, trate de que el tono de mi voz tratara de
sonar lo mas considerado posible__. Éramos amigos de Clara.
Hay mentiras benévolas.
__ ¿Que
hacen así de sucios? __pregunto la madre de clara, inquieta por nuestra
presencia__. Querido, llama a la policía. Podrían ser ladrones.
__No creo que sean para tanto, amorcito
__dijo el sacando un cigarrillo del bolsillo interior de su chaqueta__. Dicen que
eran amigos de Clara. De modo…que no deben ser malos chicos.
__
Y si lo eran, ¿Por qué no fueron a su entierro? __pregunto ella con brusquedad.
Maldita sea. El gas se estaba extendiendo
por todo el vecindario. Mire el reloj. Cinco minutos. Tenia que sacarlos de
allí. Un momento, un camión de mudanzas. Significaba que se iban. ¿Pero cuando…?
__ Tuvimos algo muy importante que resolver
__respondió Robert con tono trágico.
__ Más
importante que la muerte, no creo, cariño __dijo ella herida.
La verdad verdadera.
__ ¿Supongo que quieren irse hoy?
__pregunte contemplando fríamente el desierto vestíbulo.
__ No __dijo ella con vos débil__. Nos
iremos mañana por la mañana. Esta noche quiero despedirme de ella…de algún modo
Clara sigue aquí.
Yo no la sentía.
__Deben irse hoy __dije sin el menor
remordimiento__. No es bueno que en su estado pase una noche mas en este
lugar…ustedes entenderán.
37
__No lo conozco joven, y no pienso obedecer su petición __protesto ella con marcada
arrogancia__. Clara era mi hija, tengo todo el derecho de permanecer aquí el
tiempo que quiera.
El ojo del huracán.
__ Y la comprendo __dije en vos baja__. Y
nuestra única intención al venir aquí no es otra que ayudar. Y sinceramente, perdóneme
mi atrevimiento, pero
creo que estar
aquí no le hace bien a usted. Debe irse. Tenga en cuenta que aquí murió su
hija.
__ El tiene razón cariño __dijo el esposo __. No hay nada aquí que
pueda ayudarnos. Toda la casa nos recuerda a Clara. El tiempo y la distancia
sanaran nuestras heridas. Levántate, vamos, amor…Los nuevos dueños llegaran
pronto.
__ ¿Nuevos dueños? __dijo Robert mirándome.
Yo me estremecí. Steven trago saliva.
__Si, vendimos la casa. Es lo mejor en
estas circunstancias __dijo el ayudando a caminar a Matilde__. Nadie la quería
al principio. Hay que tener en cuenta que nadie quiere vivir en una casa donde
una chica se suicido. Pero cuando vieron el precio en el periódico, llegaron
enseguida. La verdad que desde hace mucho que la teníamos en venta. Deje las
llaves en la casa del vecino. Fue muy amable en recibirlas. Vamos, amorcito.
Ella debía tener como cuarenta años, y el cerca de los cincuenta.
La tomo de la mano. Cada paso para ella fue
una agresión. Una lluvia punzante de dolor y la perpetua agonía del
desconcierto, penetrante y mortal como el peor de los venenos.
__ Adiós clara __dijo ella en el umbral de
la puerta. El esposo le sujetaba por el brazo, ella volvió a entrar__. Vendré a
visitarte.
Respire hondo. Mire el reloj. Solo dos minutos. El señor saco un encendedor
del bolsillo del pantalón, iba a encenderlo. No. El gas. Vi como Steven se lo
arrebato, y lo arrojo al suelo, de modo que se rompiera.
__ ¿Porque hiciste eso? __dijo el
enojado__. Necesito fumar. ¿Alguien aquí tiene un fosforo, u otro encendedor?
__Lo siento señor, pero fumar es nocivo
para la salud __dijo Steven, había visto ese comercial tantas veces en la
televisión, que lo tenia memorizado__. Ya sabe, por lo del cáncer de pulmón.
__ ¡Patrañas! __dijo el.
38
__Tienen que irse __dije impaciente. Lo
tome a ambos de los hombros y prácticamente los obligué a salir de la casa.
__Estos chicos me gustan cada vez menos
__dijo Matilde fulminándome con la mirada__. Cariño, llama a la policía. Solo
mira en las fachas que andan. Y no comprendo tanto interés que nos larguemos de
aquí, tan rápido.
__No es para tanto __dijo el esposo,
jalándola del brazo__. Tenemos que irnos.
Salimos detrás de ellos y después de que
dejara a la madre de Clara en el coche, se apresuro a quitar un destartalado
letrero, con la palabra “Se vende”
Subió a su coche, toco la bocina, y acelero.
El camión de mudanzas se fue detrás de el. Temblando de pies a cabeza, nosotros
corrimos al Mercedes en cuanto, ambos coches doblaron en la próxima esquina.
__Un minuto __mi voz sonó distante. Robert encendió
el coche. Steven nos miraba de una manera inquietante.
__ ¿Qué pasara con ellos? __pregunto Robert
presa de la ansiedad__. ¿La gente en este edificio?
__ Morirán __dije con expresión preocupada.
__ Deberíamos decirles __propuso el.
__ ¡Ya no tenemos tiempo! __grite
desesperado__. Lo siento por ellos. ¡Pero tenia que ser así, arranca!
Robert apretó el acelerador. El Mercedes
salió disparado como una flecha en medio de los edificios. Parecía que íbamos a
estrellarnos, pero Robert, a quien le temblaban las manos alrededor del volante,
viro y doblo a la derecha. Steven se sujeto al asiento, por si las cosas salían
mal. Lo mire con aturdimiento. Nos tambaleamos un poco cuando el Mercedes roso
otro auto, y estuvimos a punto de voltearnos.
Serré los ojos.
__ Dos…uno __dije aterrorizado__. ¡No te
detengas!
Muy cerca de allí. Alguien. No se quien. Encendió
un serillo. ¡ZAZ!
Un gran estallido se escucho en la
distancia. El mercedes vibro con fuerza y nuestros corazones latieron desbocados a punto de salir del pecho.
Nos sujetamos de las ventanillas a fin de evitar salir despedidos del coche. Otros
edificios explotaron y miles de pedazos desiguales brotaron en todas las
direcciones, destruyeron ventanales y coches aparcados en su camino.
Una nube de chispas sanguinolentas salió de
la oscuridad. Un resplandor
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rojizo ilumino la
calle detrás de nosotros. La nube de humo y pedazos de sementó avanzaba ciegamente
hacía nosotros a una velocidad vertiginosa.
Una vez el coche vibro. Una marea creciente
de escombros doblo la esquina. Una roca rompió el cristal delantero, al mismo
tiempo, que la puerta se arrancaba, y una cabina de teléfonos volaba en mil
pedazos en la esquina. Steven se sujeto del asiento delantero, y lanzo un
gemido, cuando el edificio, aun lado de nosotros, se doblo.
Varios fragmentos cayeron sobre el techo. Robert trato de virar en el próximo
atajo. Lo consiguió. Avanzo a toda velocidad. Teníamos la frente perlada de
sudor, y el corazón retumbando en el pecho…estábamos a salvo…
Logramos salir de allí.
__
¿Murieron? __pregunto Robert apenas respirando.
__ Si __respondí con un nudo en la
garganta.
__ ¿Había gente en los otros edificios?
__pregunto fulminándome con la mirada.
__ No. Nadie se encontraba en casa __sentí
un escalofrió.
__ ¿Cuál fue la causa? __pregunto Robert
desconcertado.
__ Una fuga de gas __respondí a punto de
vomitar.
Detrás de nosotros el fuego crepito, y
devoro la carne de aquellos que hallaron refugio en el cálido regazo de la
muerte.
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